ERMITA DE LOS JUDÍOS

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La ermita de la Vera Cruz, conocida en el pueblo como ermita de los Judíos, es el único testimonio que tenemos de la presencia judía en nuestro Burgohondo, anotada en los inventarios de Madoz en 1845. Así como la secular tradición en torno al Barrio de los Judíos, hoy de la Esperanza.

Cuando las Cortes de Toledo en 1480 decretaron la obligación de que los judíos habitaran en una serie de calles agrupadas, en lo que se dado en llamar la Ley de juderías separadas, pudieron haber provocado el surgimiento de una aljama en Burgohondo. Hasta ese momento, la tolerancia de la que disfrutaban hace que los datos sobre sus actividades sean difíciles de especificar., si bien cabe suponer que se dedicasen a parecidos menesteres que el resto de la población, fundamentalmente agricultura y ganadería. Cabe la posibilidad de que se vieran obligados a pagar los impuestos que les gravaban a la Abadía, en atención al peculiar señorío monástico bajo el que se encontraban, y que fuera a esta Colegiata, y no al rey, donde recalaran las rentas de la aljama burgohondeña.

A partir de 1492 la Cofradía de la Vera Cruz, que se encarga de acompañar a los familiares y pedir por el alma del cofrade difunto, empieza a celebrar en ella los Cabildos de la Hermandad, hasta que, en 1928, el Ayuntamiento decide apropiárselo, en atención a qu en él se guarda el carro de los muertos.
La planta y estructura de esta ermita no dista mucho de la edificios similares de Toledo, Segovia y Córdoba, cuya sinagoga recuerda, incluso en las medidas a la del Concejo del Burgo. En aquella la orientación es distinta pero las medidas son muy muy parejas siendo en Córdoba de 6,37 X 5,96 metros, mientras que en Burgohondo son 5,24 X 4,45.

La puerta que hoy aparece tapiada, hacia poniente, sería la primitiva entrada al recinto sagrado, y el que luego sirviera como altar a la ermita cristiana. La ausencia de atrio y de otros edificios anejos, como la casa del Midrás o del estudio de la ley, nos indica la probable humildad de la judería de Burgohondo.

Los muros de la sinagoga, al pasar a manos cristianas, fueron redecorados según los patrones barrocos; a finales del siglo XVI o principios del XVII, las pinturas murales representaban simples elementos arquitectónicos, salvo algunos símbolos de la Pasión de Cristo, como continuación de la fábrica de los techos, realizados en madera toscamente labrada. A finales del XVII y primeros años del XVIII, se recompone el espacio y se pintan los frescos que, deteriorados, podemos contemplar en la actualidad: Escenas de la Pasión, de la Oración en el huerto de los Olivos y del Prendimiento, de Cristo atado a la columna o de la Verónica, se vislumbran junto a los Evangelistas Mateo, Marcos, Lucas u Juan.

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